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Autor Tema: LABIDOCHROMIS CAERULEUS  (Leído 7648 veces)

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LABIDOCHROMIS CAERULEUS
« : enero 30, 2009, 10:07:10am »
LABIDOCHROMIS CAERULEUS


Nombre: Labidochromis caeruleus.
Nombre Común: Electric yellow, yellow lab, amarillo eléctrico.
Familia: Cichlidae, Género: Labidochromis.
Origen: Lago Malawi (Africa).
Tamaño Máximo: 10 cm.
Acuario: Recomendado a partir de 60 litros.
Alimento: Invertebrados, pequeños crustáceos y vegetal.
Composición del agua: pH: 7,5 a 9,0.
Dureza: Semidura (10 - 15 dH).
Temperatura: 25ºC - 27ºC.

Para empezar, diré que si algún lector está interesado en empezar a probar con cíclidos del lago Malawi o con incubadores bucales, que no lo dude, este es el más adecuado por un montón de razones. Además de ser un pez resistente y de no ser excesivamente agresivo por causas que veremos luego, hay que destacar su espectacular color, su relativo respeto a las plantas y su facilidad de reproducción.

Después de lo dicho, he estado pensando en algún punto negativo para aplicar a este pez, desde el punto de vista de su mantenimiento en acuario claro, y solo se me ocurre uno, que es la dificultad de diferenciar los sexos. Como contaré luego, al menos mi experiencia personal con ese tema ha sido mi único problema.

Hay que aclarar que existen al menos dos variedades de color de L. caeruleus, una de ellas es blanca y la otra es la amarilla que se encuentra habitualmente en los comercios. Ambas variedades tienen, además del color principal, algún reflejo azulado en las aletas caudal, dorsal y anal y, sobre todo, una franja de color negro muy característica en las aletas dorsal, ventral y anal. Además pueden tener algún ocelo en la aleta anal. Según algunos autores, como W.Staeck y H.Linke, ambas variedades conviven en la misma zona del lago y pueden encontrarse ejemplares intermedios de color en la naturaleza.

Además, recientemente Ad Konings ha señalado la existencia de otras dos variedades de color, una totalmente blanca, que pierde las franjas negras de las aletas tan características de la especie, y otra de color base azul y con franjas azul oscuras a lo largo de todo el cuerpo. Personalmente nunca he visto, hasta la fecha, estas variedades a la venta.

Según varios autores, la variedad amarilla es bastante poco corriente en el lago Malawi y sólo se la puede ver en unos cuantos kilómetros alrededor de Lion’s Cove, en la costa occidental del lago, en territorio de Malawi.

Curiosamente esa escasez en el lago se invierte en los acuarios ya que es una de las especies más fáciles de encontrar en los proveedores habituales y más corrientes en los acuarios de aficionados.

A pesar de observarse ciertas diferencias con ellos, este cíclido se ha incluido entre los Mbunas (nombre con el que se conoce en la lengua local a los peces asociados a las rocas en el lago Malawi). Si bien es cierto que están íntimamente ligados a las rocas, como los Pseudotropheus, Melanochromis, Labeotropheus, etc., también lo es que su forma corporal es algo diferente ya que los L. caeruleus tienen el cuerpo más comprimido lateralmente y por tanto son más altos y menos rechonchos que el resto de los Mbunas. Incluso, curiosamente, esa diferencia corporal también se observa si los comparamos con el resto de los de su propio género, como los Labidochromis chisumulae, pallidus, “hongi”, “perlmutt”, etc.

Otra diferencia con el resto de los Mbunas es que no se observan en este cíclido comportamientos territoriales, lo cual se comparte, al parecer, por gran parte de su género y convierte a este pez en uno de los menos agresivos de los Mbuna. Todo lo cual hace a las especies de Labidochromis muy buenos peces de acuario.

Pese a lo que acabo de reseñar, mi experiencia personal es que el comportamiento intraespecífico no siempre es tan maravilloso como se lee en muchos artículos y libros especializados y puede haber problemas entre machos y estos últimos pueden llegar a “estresar” a las hembras de forma constante. A pesar de ello, lo que sí es cierto es que las agresiones que he podido observar nunca han llevado aparejado más daño físico en los contrarios que el deshilachado de aletas. El comportamiento con otras especies de cíclidos, por lo que yo he podido comprobar, es muy bueno.

La tercera diferencia con el resto de Mbunas sería su alimentación. El L. caeruleus es menos vegetariano que Pseudotropheus o Labeotropheus. En la naturaleza se alimenta principalmente de larvas de insectos y pequeños crustáceos, además estudios recientes han demostrado que consume también caracoles (Konings). De todos modos, no hay más que verle mordisquear las hojas de las plantas del acuario u observar su comportamiento con la lechuga o las hojas de espinaca para darse cuenta de que necesita aporte vegetal en su dieta.

En el acuario la alimentación no será complicada si se realiza a base de papillas de base vegetal (espinaca, guisantes,…), como las que se utilizan para Pseudotropheus o Tropheus, espirulina, y daphnia congelada. Puede añadirse de forma esporádica artemia, pero, como para el resto de africanos, el tubifex o la larva de mosquito y cualquier alimento con exceso de proteína animal, están completamente contraindicados ya que pueden causar trastornos intestinales.

La distinción entre sexos resulta muy complicada. La mayoría de los autores señalan tres aspectos como fundamentales: el tamaño de las hembras adultas es algo menor, las franjas negras de las aletas ventrales y anal de las hembras son mucho menos evidentes, grisáceas o en algunos ejemplares, incluso desaparecen y, por último, el color es algo más intenso en los machos.

Según mi experiencia todo lo anterior es cierto, si bien no ayuda demasiado ya que el tamaño no es un buen sistema si se adquieren, como es normal, ejemplares juveniles o semiadultos o ejemplares de distintas edades. La anchura e intensidad de las franjas negras de las aletas varía de unos ejemplares a otros y además solo es un sistema válido con la madurez ya que los alevines carecen de ellas y se desarrollan con la edad y, para terminar, la intensidad del color no siempre es algo fácilmente contrastable, ya que también existen diferencias de intensidad entre los machos o entre las hembras.

Como conclusión, diré que las papilas genitales son el único sistema válido y, pese a ello, sólo es fácil utilizar este sistema de forma correcta, una vez más, con adultos.

Mi experiencia personal con el “sexado” de esta especie fue un desastre desde el principio. Mis primeros ejemplares fueron lo que teóricamente era una pareja. Algunas lecturas y consejos me llevaron a romper la norma de adquirir varias hembras para un macho como en el resto de los Mbunas, dada la menor agresividad de esta especie. Instalé a la pareja en un acuario con algunas otras especies de cíclidos de los lagos africanos. El macho era un precioso ejemplar adulto de unos 9 cm. de intenso color amarillo y anchas bandas negras en sus aletas dorsal ventrales y anal. La hembra, de unos 5 cm., era de un amarillo también brillante, pero de una tonalidad algo diferente ya que el amarillo del macho era más intenso y oscuro que el de la hembra, carecía de franjas negras en las aletas de la parte inferior del cuerpo y solo tenía una tenue línea negra en la aleta dorsal.

Desde el principio el comportamiento de los dos ejemplares fue extraño, ya que ocupaban cada uno un extremo del acuario sin hacerse demasiado caso. Aún así esperé, porque no había peleas entre ellos y por si acaso el problema era inmadurez de la hembra. Si bien, con el paso del tiempo, me fui percatando de mi error. La teórica hembra creció y al hacerlo se intensifico su color amarillo, sin llegar nunca al casi anaranjado del macho, pero el color era muy intenso. Además, la franja negra de la aleta dorsal ensanchó y también ganó en intensidad, aunque sin llegar tampoco a la anchura de la del otro macho, y aparecieron franjas negras en sus aletas ventrales y anal. Todo ello, y la persistencia en ignorarse mutuamente, me llevó a hacer una comprobación. Adquirí una hembra adulta. Además de que se cumplían en ella los requisitos de coloración menos intensa y menos negro en sus aletas, esta vez estaba seguro de que se trataba de una hembra porque acababa de estar incubando en el acuario de la misma tienda donde la compré. Y eso sí que no falla.

Pues bien, me di cuenta de que “mi pareja” eran dos machos en cuanto incorporé a “la dama” al acuario ya que los dos se pusieron como locos y se lanzaron a por ella “pavoneandose” como si no hubieran visto una hembra en su vida. Y no les faltaba algo de razón, ya que llevaban dos meses sin verlas. Inmediatamente empezaron los problemas porque ambos machos decidieron que la fase de ignorancia mutua terminaba en ese momento y claro el más grande tuvo ventaja y arrinconó al otro, que no podía ni aparecer por las inmediaciones de la hembra sin recibir su escarmiento. A pesar de ello, el macho más pequeño lo intentaba todo lo que podía y era incluso más agresivo con la hembra que el grande. La situación degeneró en el estrés del macho más pequeño y también en el de la hembra.

En ese momento tenía dos posibles soluciones, o deshacerme de un macho o incorporar otra hembra, a ver si lograba desviar un poco la atención. Como mi “antigua“ hembra se había convertido también en un bonito macho decidí mantenerlo y adoptar la otra solución. Pues bien, aunque la situación realmente mejoró algo, los problemas continuaron y además se extendieron a la nueva hembra recién llegada, algo más pequeña que el resto del grupo y que era acosada, además de por los dos machos, por la hembra mayor. Esperé unos días, pero en vista de que la situación no mejoraba y que no había ni rastro de posible reproducción, me decidí a desprenderme del macho más pequeño. Puede que fuera casualidad, pero al día siguiente a hacerlo la hembra más grande estaba incubando una puesta en su boca.

Mi opinión sobre esta historia es que la competición entre los machos y el estrés excesivo en las hembras estaban impidiendo la reproducción. Por todo ello, y aunque quizá sea posible mantener grupos grandes con más de dos machos, mi recomendación es tratar a este cíclido como al resto de los Mbunas y mantener un solo macho con al menos dos hembras.

Una ventaja para mantener este cíclido es que no se requiere un espacio excesivo, al contrario que con otros Mbunas, dada su poca territorialidad y, hasta los autores más ortodoxos con el tamaño, establecen el mínimo en 60 litros. La decoración deberá ser la típica para los Mbunas, es decir rocas apiladas formando cuevas y escondites. El acuario puede carecer de plantas, ya que no las hay en el entorno natural del pez, pero respetan parcialmente las Anubias y el Helecho de Java (Microsorum pteropus). Yo he tenido éxito incluso con especies de Vallisneria, aunque pueden desenterrarlas ya que, aunque no demasiado, tienen ciertos hábitos excavadores.

Como todos los cíclidos de estos lagos, necesita una buena filtración aunque se trata de un pez muy resistente. Necesita además una buena oxigenación del agua, que se puede lograr por medio de un aireador o con una bomba de agua que mueva la superficie.

Como compañeros de acuario geográfico del Malawi se puede optar por otros Mbunas o por mezclarle con especies algo más tímidas y que no frecuentan tanto las rocas como Cyrtocara moorii, Protomelas, Copadichromis, Fossorochromis rostratus,… e incluso con especies de Aulonocara si el acuario es suficientemente grande. También es posible hacerle convivir con cíclidos del Tanganyika como Julidochromis, cualquier Neolamprologus o Cyprichromis.

Los Labidochromis son incubadores bucales maternos, es decir que la eclosión de los huevos y la absorción del saco vitelino se produce en el interior de la boca de la madre. El macho incita constantemente a la hembra a la puesta por medio de una serie de movimientos ondulantes y vibraciones rápidas de su cuerpo y aletas, mientras nada a su alrededor con todas las aletas desplegadas, intentando que la hembra le siga al sitio elegido para la puesta. En mi caso, el sitio elegido suele ser la base de una roca en donde el macho ha excavado un poco.

La puesta e incubación se produce de la forma típica de los incubadores bucales del Malawi. Sobre el sustrato, la hembra va depositando los huevos y rápidamente los introduce en su boca. Posteriormente adoptan la típica posición de T, en la cual la hembra acerca su boca a la papila genital del macho que expele su esperma y fertiliza los huevos. Esto se produce repetidamente hasta que se termina la puesta por completo. Una vez terminada, la hembra mantendrá los huevos, y posteriormente las larvas, en su boca durante unos 20 días aproximadamente, a partir de los cuales empezará a dejar salir a los alevines que volverán a la boca de la madre en caso de peligro. Unos días después abandonarán la boca de la madre de forma definitiva.

Si se deja que la madre suelte los alevines en el acuario comunitario hay un gran riesgo de que se salven pocos alevines o incluso de que no quede ninguno. Por ello, es recomendable separar a la madre a otro acuario para ella sola antes de que suelte a los alevines. De todos modos, mi experiencia es que si se espera demasiado para sacarla del acuario, con el estrés de “la pesca”, puede soltar unos cuantos en el acuario o en la propia red donde se la ha capturado. Es una buena estrategia impedir que la madre salga del agua utilizando un recipiente lleno de agua, donde se introduzca la red con el pez, para sacarla de un acuario y meterla en el otro.

Otra posibilidad, si no se tiene un acuario disponible, es proceder a sacar a los alevines de la boca de la madre “por la fuerza”, de forma que podamos devolver a la madre a su acuario rápidamente para que se recupere del período de ayuno. Esta técnica es algo delicada y bastante estresante para la hembra, pero está bastante extendida. Consiste en sujetar con la mano, previamente mojada para evitar dañar la piel del pez, a la hembra de forma que la cabeza de la misma quede entre los dedos índice y pulgar. Ejerciendo una ligera presión a los lados de la boca de la hembra y metiendo y sacando repetidamente la cabeza de ésta en un recipiente con agua del mismo acuario irán saliendo los alevines en unos pocos segundos. Otra alternativa es abrir la boca de la hembra con el dedo o algún utensilio romo tirando ligeramente del labio inferior hacia abajo. Evidentemente hay que tener cuidado de no dañar a la hembra en estas operaciones e intentar que sean rápidas para poder devolverla pronto a la tranquilidad del acuario.

Las puestas normalmente oscilan entre los 6 y los 15 huevos dependiendo, entre otras cosas, del tamaño de la hembra. Sin embargo, a pesar de lo que señalan otros autores sobre que el número de alevines no supera nunca esas cifras, una de mis hembras ha llegado a hacer una puesta de 27 huevos de los que salieron adelante 26 alevines. Eso sí, se trataba de una hembra adulta de casi 9 cm. de tamaño. La puesta previa de esa misma hembra, un mes y medio antes de la reseñada, había sido de 19 huevos.

Mientras está incubando, la hembra deja de comer casi totalmente, aunque yo he observado que come algo. Lo único que sí se nota es que selecciona pedazos de comida mucho más pequeños de lo normal, de forma que seguramente tendrá menos problemas para que pasen entre las larvas. Hay algunos autores que afirman que en este proceso, en los últimos días de incubación, también las larvas comen algo de lo que la madre se mete en la boca.

Los alevines miden aproximadamente 1 cm. Al salir su color es amarillento en todo el cuerpo y aletas. No tienen ninguna de las franjas negras y la forma corporal es algo más alargada que la de los padres. Su alimentación, dado su tamaño, no plantea problemas ya que comen nauplios de artemia, pequeñas dafnias, comida en escamas finamente pulverizada e incluso papilla vegetal si no está compuesta de trozos excesivamente grandes.

Por sus características, este es un pez adecuado para los que se quieran iniciar en el mundo de los incubadores bucales del Malawi. Además, como su color realza cualquier acuario geográfico de ese lago, resulta muy adecuado también para cualquier aficionado que tenga tanto un acuario de Mbunas como uno de Haplocrominos de tamaño medio. Si unimos a ello que se encuentra con facilidad en los comercios especializados y que es bastante barato en comparación con otros cíclidos de estos lagos, creo que no hará falta mucho más para convencer a los indecisos.

BIBLIOGRAFÍA:
“Back to nature guide to Malawi cichlids” Ad Konings (1997)
“Malawi Cichlids in their natural habitat” Ad Konings (Ed. Cichlid Press, 1999).
“African Cichlids II: Cichlids from Eastern Africa” Wolfgang Staeck, Horst Linke (Ed. Tetra-Press, 1994).

©Mauro Herrera. Abril de 2000.
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